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Glándulas y Hormonas; Obesidad y Adelgazamiento.

Glándulas y hormonas actúan sobre múltiples funciones, y fundamentalmente regulando la oferta de energía, a las demandas del organismo.

Glándulas y hormonas actúan sobre múltiples funciones, y fundamentalmente regulando la oferta de energía, a las demandas del organismo. Quizá por este motivo también se la asoció con la obesidad, aunque ésta relación, sólo se establece en condiciones patológicas, y no tanto con la obesidad, sino con el adelgazamiento, en la diabetes, y el hipertiroidismo.

 

Existen dos tipos de glándulas, las exócrinas, que vierten su secreción al exterior, como las glándulas salivales; y las endócrinas, que lo hacen a la sangre, como la hipófisis, las glándulas sexuales, la tiroides, paratiroides, y suprarrenales. Otras, como el páncreas, son glándulas mixtas, porque vierte al intestino enzimas digestivas, y a la sangre insulina.

 

Las Hormonas.

 

Sólo se llama hormona, a las secreciones vertidas en la sangre, tales como la insulina, la hormona tiroidea; las hormonas sexuales, (femeninas, estrógenos y progesterona; y testosterona, masculina); las hormonas hipofisarias; y las suprarrenales.

 

La tiroides, y la insulina pancreática, regulan los niveles de utilización de energía por el organismo. Otras, como la paratiroidea, y las hormonas suprarrenales, son de importancia en la regulación de sistemas: la primera en el control de los niveles de calcio en sangre; y las suprarrenales, las de la corteza (corticoides), para regular el equilibrio de agua, y de iones; y las de la médula (catecolaminas), para modular la apertura y cierre de los vasos sanguíneos, que determinará el nivel de presión arterial, y de llegada de sangre a los tejidos.

 

Las hormonas hipofisarias, regulan el funcionamiento del resto de las glándulas endócrinas, a través de diferentes hormonas, llamadas “trofinas”, que son específicas para cada glándula.

 

 

 

El “eje de control” hormonal.

 

En la Naturaleza física, como en la combustión, y en la energía nuclear, tiene lugar un mecanismo similar, al presente en la regulación hormonal. Se llama de “retroalimentación”, o en inglés, “feed back”, que lleva a una “reacción en cadena”. Dicho mecanismo, consiste en que la producción de determinado suceso, es capaz de actuar sobre la fuente que lo produjo. En el caso endocrinológico que nos ocupa, el suceso, es la secreción de una hormona; y la cadena de retroalimentación, queda establecida, cuando esa hormona actúa a nivel de otra glándula, que modula su propia producción. La retro alimentación, o feed back, puede ser positiva o negativa, según la acción retrógrada, sea de estímulo, o de inhibición, para aumentar o disminuir la secreción, de la hormona estimulante.

 

La hipófisis es influida además por un estructura neurológica, llamada hipotálamo, que modula la secreción de las “trofinas” u “hormonas estimulantes”. De esta manera, a través de los “centros nerviosos del hambre y de la saciedad”, el cerebro también se integra a los mecanismos que influyen sobre la obesidad, y el adelgazamiento. Se establece así, un verdadero eje de control “cerebro- hipotálamo- hipófiso-glandular”.

 

 

 

Las hormonas de la corteza suprarrenal, y el sobrepeso.

 

El aumento de secreción de la corteza suprarrenal produce retención de sodio y agua por el riñón, y una modificación de la distribución de la grasa corporal, que fue descrita por Cushing, que da el nombre a la enfermedad; y que se observa con caracteres clínicos similares, cuando se produce no por secreción exagerada de la glándula, sino por la administración en dosis altas y prolongadas, de corticoides (hormona de corteza suprarrenal), con fines terapéuticos. Esta situación, (el síndrome de Cushing, por terapia con corticoides), se ve por ejemplo, en enfermedades inflamatorias del mesénquima, (como el lupus eritematoso), o también en el asma. La retención de agua es todavía mayor, si los pacientes no mantienen una dieta con bajo aporte de sal de sodio.

 

La enfermedad, o el síndrome de Cushing, no equivalen a una obesidad, ya que el aumento de peso a que dan lugar, ocurre fundamentalmente por retención de agua y sal, lo que da al enfermo, el clásico “facies en luna llena”, por una cara redonda, infiltrada por edema.
El enfermo con hábito cushingoide, parece un obeso, pero no lo es. Si bien tiene aumento de grasa en el tronco, sus brazos y piernas son delgadas, tiene poca masa muscular; y no tiene un gran aumento de tejido adiposo, sino un trastorno en la distribución de la grasa corporal, que se deposita más en el tronco, que en las extremidades, y fundamentalmente en el cuello y en el dorso, en forma de “almohadilla cervical”, que contribuye a dar el “aspecto de búfalo” con que se describe dicho habito corporal.

 

 

Hormonas que producen adelgazamiento.

 

Las necesidades de energía del organismo, se regulan fundamentalmente por dos glándulas, el páncreas y la tiroides, que segregan respectivamente insulina, y hormona tiroidea. Esta última, está presente en la sangre en sus dos fracciones, llamadas T3 y T4.

 

Si bien es equivocada la creencia popular, de un origen glandular – hormonal para la obesidad; la afirmación inversa, tiene cierto grado de verosimilitud, pues el adelgazamiento, puede reconocer causas endocrinológicas. De hecho, hay sólo dos situaciones clínicas, en las cuales se adelgaza con aumento del apetito, y comiendo más (polifagia): ellas son la diabetes, por disfunción pancreática; y el hipertiroidismo, por disfunción tiroidea.

 

 

Hipertiroidismo e hipotiroidismo

 

En el caso particular del hipertiroidismo, el adelgazamiento se produce a través del mecanismo de aumento del metabolismo basal. La hormona tiroidea actúa produciendo un efecto similar, al que tiene lugar en un motor, al que se le abre la entrada de combustible: consume más energía, y libera más calor. El mayor consumo de energía, a nivel biológico lleva a un balance negativo de energía, en los casos en que no llega a cubrirse con un aumento proporcionado de los ingresos, en alimentos ingeridos. En el hipertiroidismo, el adelgazamiento se produce a través del balance negativo de energía, que tiene lugar, a expensas de un exceso en el “gasto” energético. Esta situación, explica la clínica que presentan estos enfermos, con un nivel basal de permanente excitación psíquica y motora, que no les permite mantenerse quietos; y con una llamativa intolerancia al calor, que les hace permanecer desabrigados, en los días más fríos.

 

Esta acción de la hormona tiroidea se ha utilizado, para tratar la obesidad, con un criterio sin duda equivocado, ya que lo hace, produciendo otra enfermedad.

 

El hipotiroidismo, a la inversa, cursa con tendencia al frío, baja motilidad, y cierto sobrepeso corporal. Sin embargo, como en el Cushing, tampoco se trata de una verdadera obesidad, ya que la infiltración del tejido subcutáneo, no es sólo adiposa, sino por un edema especial, llamado mixedema, que da a la piel un aspecto grueso, áspero y frío. Es distinto, del edema que se ve en el Cushing, que es con piel fina, suave, y cálida.

 

 

La insulina.

 

Es una hormona pancreática, que se relaciona con la regulación de la energía corporal, y por ello está también involucrada, en los procesos de obesidad y adelgazamiento. La insulina, es la responsable de producir la entrada a la célula de la glucosa, con destino a la combustión liberadora de energía. En la diabetes, cuando disminuye la cantidad de insulina, no puede incorporarse el nutriente energético básico, y por ello se produce un balance negativo de energía, que determina la pérdida de masa corporal.

 

Además, la glucosa acumulada en la sangre (no utilizada por las células), se pierde por la orina, en un círculo vicioso, que determina mayores pérdidas, en relación a los ingresos. A pesar de que el diabético, aumenta su apetito, como el hipertiroideo, sigue perdiendo peso, aunque coma más (polifagia). Ello ocurre, fundamentalmente en el tipo de diabetes I, en la que existe un déficit absoluto de insulina.

 

En la diabetes del tipo II, la alteración consiste en una reducción relativa de la capacidad de la insulina, para transportar glucosa al interior de la célula, pero sin una disminución absoluta a nivel sanguíneo. Ello produce una presentación clínica diferente, con obesidad, en lugar de adelgazamiento. En estos casos, se mantiene el efecto de la insulina que produce aumento de apetito, que se observa también en otras personas obesas, que sin ser diabéticas, registran un aumento en los niveles sanguíneos de insulina.

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